23 de octubre de 2026

Economía

Economía. Brasil sale a comprar trigo como nunca en 30 años y la Argentina busca quedarse con el negocio

La industria molinera del país vecino anticipó que necesitará importar al menos 9 millones de toneladas durante la campaña 2026/27. Los problemas climáticos redujeron su producción y abrieron una oportunidad para los exportadores argentinos. Con una cosecha proyectada de 23,8 millones de toneladas, el país busca ampliar sus ventas de granos y harina, aunque la calidad será determinante.

Brasil podría importar 9 millones de toneladas de trigo o incluso superar ese volumen durante la campaña 2026/27, una cifra que representaría el mayor nivel de compras externas del cereal en los últimos 30 años. La proyección fue presentada por Rubens Barbosa, presidente ejecutivo de la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo (Abitrigo), durante el 33° Congreso Internacional de la Industria del Trigo, celebrado en Río de Janeiro. La fuerte necesidad de abastecimiento del principal mercado regional abre una oportunidad comercial para la Argentina, que se prepara para una nueva cosecha de gran volumen y busca consolidar su posición como proveedor de su principal socio del Mercosur.

El anuncio se produce después de que las condiciones climáticas afectaran la producción brasileña y obligaran a los molinos a revisar sus previsiones de compra. Para los productores, exportadores y empresas molineras argentinas, el escenario podría traducirse en mayores ventas al exterior durante los próximos meses, aunque existen dos factores que condicionarán el negocio: la calidad industrial del trigo y la competencia con proveedores de otros países. Las perspectivas también adquieren relevancia para la economía argentina por su posible contribución a las exportaciones agroindustriales y al ingreso de divisas.

Brasil podría importar más de 9 millones de toneladas de trigo

El aumento previsto en las importaciones responde principalmente a la menor disponibilidad de trigo producido en territorio brasileño. Las condiciones climáticas adversas perjudicaron los cultivos en regiones productoras como Paraná y Río Grande do Sul, reduciendo tanto el volumen esperado de cosecha como la calidad de parte de los granos. Frente a esa situación, la industria molinera necesita recurrir con mayor intensidad a proveedores internacionales para mantener el funcionamiento de las plantas y abastecer a los fabricantes de panificados, pastas y otros alimentos.

De acuerdo con las estimaciones difundidas por Abitrigo, la producción brasileña podría ubicarse alrededor de 5,7 millones de toneladas, una cantidad insuficiente para cubrir las necesidades de su mercado. En ese contexto, la entidad elevó sus previsiones de importación desde los 7,5 millones de toneladas considerados inicialmente hasta aproximadamente 9 millones, sin descartar que las compras terminen superando esa cifra. Se trata de una estimación del sector privado y no de operaciones comerciales que ya se hayan concretado.

La magnitud del ajuste también queda reflejada en la diferencia con otras proyecciones. En agosto, la Compañía Nacional de Abastecimiento de Brasil (Conab) calculaba importaciones por 7,1 millones de toneladas para el ciclo 2026/27, mientras que las previsiones más recientes de la industria resultan considerablemente superiores. Además, durante el congreso realizado en Río de Janeiro, representantes del comercio de granos plantearon que las necesidades brasileñas podrían acercarse a los 10 millones de toneladas en 2027, aunque ese escenario todavía está sujeto a la evolución de la cosecha y del mercado.

Argentina proyecta una cosecha de trigo de 23,8 millones de toneladas

La mayor demanda brasileña coincide con perspectivas favorables para la producción argentina. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la primera estimación para la campaña de trigo 2026/27 es de 23,8 millones de toneladas, un volumen que, de concretarse, se ubicaría entre los más elevados de los últimos años. La cifra representa una disminución respecto del récord de 28,5 millones de toneladas alcanzado en el ciclo anterior, pero permitiría mantener una oferta exportable importante.

La entidad rosarina calcula que, al incorporar las existencias que pasarían de una campaña a otra, la disponibilidad total de trigo podría alcanzar aproximadamente 29 millones de toneladas. Dentro de ese escenario, el programa exportador se proyecta en torno a 18,5 millones de toneladas, mientras que el consumo doméstico absorbería una parte significativa del resto. Estas estimaciones muestran que el país tendría capacidad para continuar abasteciendo distintos mercados internacionales, incluido Brasil, aunque dependerán del resultado final de la cosecha.

Los exportadores argentinos llegan a esta nueva etapa después de una campaña de fuerte actividad comercial. Según datos citados por el analista Eugenio Irazuegui, de Zeni, durante 2026 las exportaciones habían sumado aproximadamente 11,8 millones de toneladas al momento de su evaluación, distribuidas entre 29 destinos internacionales. De ese volumen, alrededor de 2,95 millones de toneladas correspondieron a operaciones con compradores brasileños, lo que confirma la importancia del mercado vecino para el cereal argentino.

El desafío será mantener ese nivel de participación en un escenario de mayor competencia. Si bien la proximidad geográfica y la integración comercial del Mercosur constituyen ventajas para los proveedores argentinos, Brasil también puede recurrir a trigo de otros orígenes para cubrir sus necesidades. Por eso, la mayor demanda no garantiza que todos los contratos adicionales terminen en manos de empresas argentinas.

La calidad del trigo argentino será clave para cerrar nuevos contratos

Uno de los puntos que genera mayor atención entre los compradores brasileños es la calidad del trigo destinado a la molienda. Durante el congreso de Abitrigo, Rubens Barbosa advirtió que las dificultades de calidad observadas en la campaña argentina anterior podrían obligar a su país a buscar mayores cantidades de cereal en el exterior. La preocupación está vinculada con la necesidad de disponer de granos que cumplan los requisitos industriales para elaborar harinas aptas para diferentes productos alimenticios.

En el comercio triguero no alcanza con contar con una cosecha abundante. Los molinos también evalúan características como el contenido de proteína, la fuerza del gluten y el comportamiento de la harina durante el proceso de panificación, además de otros parámetros comerciales y sanitarios. Cuando el cereal disponible no reúne determinadas condiciones, las empresas pueden necesitar mezclar distintas variedades o importar trigo de características específicas para conseguir la calidad buscada.

Este escenario podría favorecer a los productores argentinos que logren entregar partidas con mejores estándares industriales. Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), sostuvo que habrá una competencia importante por los lotes de mayor calidad y que los compradores deberán reconocer diferenciales de precio para acceder a ellos. Esa situación también representa un desafío para los molinos argentinos, que necesitan adquirir materias primas de buena calidad para abastecer al mercado interno y sostener sus propias ventas de harina al exterior.

Las próximas semanas serán decisivas porque la cosecha argentina todavía debe completar etapas importantes de recolección. La Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el potencial productivo es elevado, pero advirtió sobre los efectos que podrían tener las condiciones climáticas registradas durante octubre. El volumen finalmente cosechado y sus características comerciales serán determinantes para establecer cuánto trigo podrá ofrecer el país al mercado brasileño.

El negocio también podría beneficiar a los molinos harineros argentinos

La oportunidad comercial no se limita a la exportación de trigo en grano. Desde la industria molinera argentina consideran que el aumento de la demanda brasileña también podría impulsar las ventas de harina de trigo, un producto con mayor procesamiento industrial que permite agregar valor a la producción primaria. Para las empresas del sector, el escenario abre la posibilidad de fortalecer vínculos comerciales con molinos y distribuidores brasileños.

Cifarelli planteó que las necesidades de abastecimiento de Brasil podrían favorecer acuerdos entre industrias de ambos países, además de ampliar las operaciones tradicionales de exportación de cereal. En su evaluación, la Argentina cuenta con capacidad productiva y experiencia industrial para participar de ese negocio, especialmente si logra ofrecer harinas que cumplan las especificaciones exigidas por los clientes brasileños. Sin embargo, la concreción de nuevos contratos dependerá de los precios, los costos de transporte, las condiciones comerciales y las regulaciones aplicables.

La posibilidad de exportar productos elaborados tiene una importancia adicional para la economía argentina. Mientras que las ventas de grano generan actividad para productores, acopios, transportistas y operadores portuarios, la exportación de harina también incorpora trabajo en plantas industriales y empresas vinculadas con la transformación del cereal. Por eso, una expansión sostenida de las ventas de harina podría beneficiar a una parte más amplia de la cadena triguera, aunque todavía no existen compromisos comerciales suficientes para cuantificar ese eventual impacto.

Precios, logística y competencia: los desafíos para ganar el mercado brasileño

La relación comercial entre Argentina y Brasil presenta ventajas, pero también enfrenta restricciones. La cercanía entre ambos países permite utilizar rutas marítimas y terrestres relativamente competitivas, mientras que el marco comercial del Mercosur facilita el intercambio de productos agroindustriales bajo determinadas condiciones. Sin embargo, las decisiones de compra de los molinos brasileños dependen de una combinación de precio, calidad, disponibilidad y costos logísticos.

Brasil también puede abastecerse con trigo procedente de Rusia, Estados Unidos, Canadá, Uruguay y Paraguay, entre otros mercados. Algunas de esas alternativas resultan especialmente relevantes cuando los molinos necesitan variedades con características industriales diferentes de las que predominan en la oferta argentina. Además, los cambios en las cotizaciones internacionales, los costos del transporte marítimo y la evolución del tipo de cambio pueden modificar la competitividad de cada proveedor durante la campaña.

La propia industria brasileña enfrenta presiones sobre sus costos operativos. Abitrigo advirtió que los mayores gastos de insumos, embalajes, transporte y determinadas modificaciones tributarias podrían encarecer las actividades de molienda durante 2026 y 2027. Ese escenario agrega incertidumbre sobre los precios que estarán dispuestos a pagar los compradores y sobre el margen comercial de los exportadores.

Para Argentina, la posibilidad de aprovechar la demanda extraordinaria dependerá también de la organización de los embarques y de la disponibilidad de infraestructura. Una cosecha importante necesita capacidad de almacenamiento, transporte y operación portuaria para llegar a los mercados en los plazos acordados. En ese sentido, la mayor demanda externa puede representar una oportunidad para el comercio agrícola, pero requiere coordinación entre producción, industria y logística.

Qué significa la demanda de Brasil para las exportaciones argentinas

El posible aumento de las importaciones brasileñas aparece en un momento en que el Gobierno de Javier Milei busca fortalecer el ingreso de divisas mediante las exportaciones y consolidar una mayor participación argentina en el comercio internacional. El trigo constituye uno de los principales cultivos de invierno del país y una fuente relevante de actividad para distintas regiones productivas, especialmente Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

Si los compradores brasileños incrementan sus adquisiciones de cereal argentino, podrían mejorar las perspectivas comerciales de productores, cooperativas, exportadores y empresas molineras. No obstante, el impacto económico dependerá tanto de las toneladas efectivamente vendidas como de los precios obtenidos, por lo que no es posible calcular todavía un ingreso adicional de dólares a partir de la proyección de Abitrigo.

También será importante observar cómo se distribuye la producción entre las necesidades del mercado interno y las oportunidades externas. La expansión de las exportaciones no implica necesariamente aumentos automáticos en el precio del pan o la harina para los consumidores argentinos, ya que esos valores dependen de distintos costos industriales, comerciales y tributarios. Sin embargo, las cotizaciones del trigo y la disponibilidad de materia prima forman parte de las variables que influyen sobre la cadena alimentaria.

Brasil podría convertirse en uno de los grandes impulsores de la demanda internacional de trigo durante la campaña 2026/27, con compras externas que alcanzarían niveles no vistos en tres décadas. La Argentina cuenta con volumen productivo y antecedentes comerciales para aprovechar ese escenario, pero el negocio todavía debe concretarse. La calidad del cereal, las condiciones de los contratos y la competencia internacional definirán cuánto de esa demanda extraordinaria terminará transformándose en exportaciones argentinas.

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