23 de octubre de 2026
El caso expone los vínculos políticos entre ambos: Cornejo la designó al frente del EPRE en 2018, la eligió como ministra en 2023 y luego impulsó su nombramiento como directora de YPF por Mendoza. El diputado Lucas Ilardo cuestionó el destino de los fondos y denunció presuntas irregularidades administrativas; Latorre sostiene que el gasto fue legal y estuvo autorizado.
El gobierno de Alfredo Cornejo enfrenta una nueva controversia política en Mendoza. Esta vez, el foco está puesto en su ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, quien recibió un reintegro estatal de $13.643.838 para cubrir los costos de una maestría en Economía Medioambiental dictada por la Universidad Francisco Marroquín, una institución privada del exterior.

La
operación fue cuestionada públicamente por el diputado provincial Lucas Ilardo,
de Fuerza Patria, quien puso en duda que los recursos utilizados fueran
compatibles con los objetivos del Fideicomiso de Actividades Hidrocarburíferas.
Según la documentación difundida, el reintegro ascendió a US$10.666,52 y fue
transferido a la funcionaria en febrero de 2026.
La discusión va más allá del precio de una formación académica. El interrogante político es por qué una funcionaria que conduce un área estratégica de la administración provincial recibió fondos de un fideicomiso vinculado con la actividad petrolera para financiar una capacitación propia y si el procedimiento respetó los límites establecidos para el uso de esos recursos.

El
reintegro de $13,6 millones que abrió la polémica
De
acuerdo con los antecedentes publicados, el Comité Ejecutivo del Fideicomiso de
Actividades Hidrocarburíferas aprobó la capacitación de Latorre el 1 de agosto
de 2025. Posteriormente, una resolución del 29 de enero de 2026 dispuso el
reintegro, y la transferencia se concretó el 4 de febrero.
El
expediente reconoce un total de US$10.666,52. La suma incluye US$9.313,20
correspondientes al costo de la maestría, luego de un descuento por pago único,
y US$1.353,32 por la reserva de plaza. El monto total transferido a la ministra
fue de $13.643.838.
Ilardo
objetó que el fideicomiso se utilizara para afrontar una formación académica
personal. Según su planteo, la normativa aplicable vincula esos recursos con
tareas de fiscalización, control y estudio del sector hidrocarburífero.
El legislador también señaló dos cuestiones que, a su entender, requieren explicaciones: un descuento del 10% que figuraría en el acta sin reflejarse de la misma manera en los pagos y una diferencia temporal entre la emisión de la orden de pago y la validación digital de la documentación.
Se trata de cuestionamientos que deben ser examinados a partir del expediente completo y de los controles administrativos correspondientes. Por sí solos, no prueban la existencia de un delito, pero sí colocan bajo escrutinio la autorización, la liquidación y el destino de los fondos.
Ilardo comparó el gasto con opciones de posgrado en universidades nacionales, entre ellas la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad de Buenos Aires.
Cornejo
y Latorre: una relación política construida dentro del Estado
La
relación entre el gobernador y su ministra no es circunstancial. La trayectoria
de Latorre en cargos relevantes de la administración mendocina muestra una
continuidad política e institucional con Cornejo.
El
primer antecedente central se remonta a 2018, durante la primera gobernación de
Cornejo. En abril de ese año, el mandatario participó del acto de asunción de
Latorre como presidenta del directorio del Ente Provincial Regulador Eléctrico
(EPRE), tras su designación mediante decreto. En aquella ocasión, el propio
gobernador destacó su decisión de colocar a jóvenes profesionales en puestos de
responsabilidad y habló de una apuesta a invertir en "capital político".
El
segundo vínculo se consolidó en diciembre de 2023, cuando Cornejo la eligió
para encabezar el Ministerio de Energía y Ambiente al iniciar su segundo
mandato como gobernador. Latorre llegaba a ese puesto después de haber sido
diputada nacional entre 2019 y 2023, período en el que integró la Comisión de
Energía y Combustibles de la Cámara baja.
El
tercer antecedente se produjo con su designación en el directorio de YPF. El
Gobierno provincial informó que la candidatura de Latorre como directora
titular por las acciones clase D de la compañía fue propuesta por Cornejo y
aprobada por el directorio de la petrolera. La funcionaria agradeció
expresamente la confianza del gobernador.
Esta
secuencia permite describir una relación política e institucional sostenida:
Cornejo la promovió para un organismo regulador, luego la puso al frente de una
cartera estratégica y más tarde impulsó su representación en YPF.
Ese vínculo no demuestra por sí mismo ninguna irregularidad en el financiamiento de la maestría. Sin embargo, vuelve inevitable una pregunta política: qué mecanismos de control se aplicaron sobre una funcionaria de máxima confianza del gobernador y quién debe responder por la decisión de autorizar el gasto.
La Dirección de Hidrocarburos depende de la ministra Latorre y, de hecho, quienes autorizaron el pago son subordinados de ella.
La
defensa de Latorre: capacitación y fortalecimiento institucional
La
ministra rechazó las objeciones y defendió el procedimiento. En declaraciones
publicadas por Los Andes, sostuvo que la maestría no fue pagada con partidas
del presupuesto general de la Provincia ni con el presupuesto ordinario del
ministerio, sino con aportes de empresas que integran el fideicomiso.
Según
su explicación, el fondo tiene como finalidad el fortalecimiento institucional
y permite financiar capacitación, formación, consultorías y herramientas
informáticas para mejorar el funcionamiento de las áreas estatales.
Latorre
también argumentó que eligió esa maestría porque combina economía y gestión de
recursos naturales, dos dimensiones que considera relacionadas con sus
responsabilidades como ministra de Energía y Ambiente. Además, sostuvo que no
encontró una oferta académica equivalente en las universidades argentinas que
consultó.
La
funcionaria defendió así tanto la pertinencia de los estudios como la
utilización del fideicomiso. Su argumento es que la capacitación de los
responsables de la gestión pública forma parte del fortalecimiento del Estado.
Pero esa explicación no elimina la discusión de fondo: si el objeto del fideicomiso habilita este tipo de reintegros, con qué criterios se decide qué funcionarios pueden acceder a ellos, cómo se determina el monto y qué controles se aplican para asegurar que los recursos se utilicen de acuerdo con su finalidad.
La polémica por la maestría de Jimena Latorre pone a prueba el discurso de transparencia y eficiencia de la administración de Cornejo.
El
costo y la elección de una universidad privada
Otro
de los puntos que alimentó la controversia fue el monto de la formación y la
existencia de alternativas en el sistema universitario público argentino.
Ilardo
comparó el gasto con opciones de posgrado en universidades nacionales, entre
ellas la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad de Buenos Aires. Esas
referencias fueron presentadas como parte de su cuestionamiento al costo de la
capacitación financiada mediante el fideicomiso.
La
comparación, por sí sola, no permite establecer que los programas sean
idénticos en contenidos, duración o modalidad. Sin embargo, sí introduce una
discusión legítima sobre los criterios utilizados para seleccionar una
formación internacional de ese valor y sobre la necesidad de justificar de
manera transparente el beneficio institucional que representa.
Cuando
el dinero se administra mediante un fondo de destino específico, no alcanza con
que la capacitación resulte útil para el funcionario: también debe poder
explicarse por qué el gasto se ajusta a los objetivos del instrumento y cuáles
fueron las reglas aplicadas para autorizarlo.
Una
explicación política que todavía debe rendir cuentas
La
polémica por la maestría de Jimena Latorre pone a prueba el discurso de
transparencia y eficiencia de la administración de Cornejo. La ministra
defiende la legalidad del procedimiento y sostiene que los fondos tenían una
finalidad compatible con la capacitación. Ilardo, en cambio, reclama que se
examine la documentación y cuestiona tanto el destino del dinero como el
circuito administrativo.
En
ese escenario, la respuesta no debería limitarse a un cruce entre oficialismo y
oposición. Lo que está en juego es la trazabilidad de los recursos, la
interpretación de las reglas del fideicomiso y la existencia de controles
suficientes cuando los beneficiarios son funcionarios de alto rango.
La
documentación completa, los criterios de autorización y las conclusiones de los
organismos de control serán determinantes para establecer si el reintegro se
ajustó a la normativa vigente.
Hasta
entonces, no corresponde dar por probado un delito. Pero tampoco alcanza con
invocar el carácter formal del trámite para cerrar la discusión pública: la
legalidad del procedimiento, su justificación administrativa y la conveniencia
del gasto son preguntas distintas, y las tres merecen respuestas claras.
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