25 de octubre de 2026
El resultado de este domingo definirá quién gobernará Brasil. No resolverá, sin embargo, la división que atraviesa a su sociedad. Una escena que la Argentina conoce bien: política en blanco o negro, entre dos bandos que cada vez encuentran más difícil escucharse.
por
Redaccion mundopoder.com
Mundo Poder
Brasil define hoy su próximo presidente en un balotaje entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Durante la campaña, el rechazo al adversario se convirtió en una de las principales herramientas para buscar votos: para muchos, elegir también significó evitar que ganara el otro.
Ese clima no desaparece cuando se cierran las urnas. Especialistas consultados en Brasil advierten que el resultado puede dejar una tensión política persistente y un presidente que comience su mandato con el rechazo de una parte muy amplia del electorado, cercana a la mitad de quienes votaron. La elección define quién gana, pero no resuelve aquello que dividió al país.
La escena resulta conocida en la Argentina. Durante años, la política se ordenó alrededor de una disyuntiva tajante: peronismo o todos los demás; de un lado, quienes se identifican con una fuerza, y del otro, quienes se unen para impedir que avance. Cambian los nombres y las consignas, pero la lógica persiste: blanco o negro, conmigo o contra mí.
El problema es que la polarización ya no queda limitada a las campañas. Se mete en las conversaciones familiares, en las redes, en los medios y en la manera de mirar al que piensa distinto. La diferencia política deja de ser una discusión y se transforma en una frontera. El otro no está equivocado: pasa a ser alguien a quien hay que derrotar, desacreditar o expulsar de la conversación. En América, el odio político se instaló hace años y la grieta se vuelve cada vez más profunda y difícil de cerrar. Todo parece quedar atrapado en una lógica de clásico: Boca o River, blanco o negro. La política se juega como si cada elección fuera la última, como si el triunfo de un sector pudiera borrar al otro. Pero las urnas no borran a millones de ciudadanos. El ganador recibe un mandato para gobernar; no una autorización para hacerlo solo para los propios. Y quien pierde sigue formando parte del país. En Brasil, el 78% de las personas consu
se transforma en una frontera. El otro no está equivocado: pasa a ser alguien a quien hay que derrotar, desacreditar o expulsar de la conversación.
En América, el odio político se instaló hace años y la grieta se vuelve cada vez más profunda y difícil de cerrar. Todo parece quedar atrapado en una lógica de clásico: Boca o River, blanco o negro. La política se juega como si cada elección fuera la última, como si el triunfo de un sector pudiera borrar al otro.
Pero las urnas no borran a millones de ciudadanos. El ganador recibe un mandato para gobernar; no una autorización para hacerlo solo para los propios. Y quien pierde sigue formando parte del país. En Brasil, el 78% de las personas consultadas por Datafolha consideró que la sociedad vive una polarización política, una señal de que la división excede la disputa entre candidaturas.
La grieta no sana por el solo hecho de contar los votos. Puede cambiar de intensidad, de protagonistas o de consigna, pero sigue abierta cuando cada bando considera que ceder es traicionar y escuchar al otro es darle la razón.
Brasil vota hoy. La Argentina mira esa elección y reconoce un espejo incómodo. El resultado dirá quién ganó. La pregunta que quedará pendiente para ambos países es otra: cuánto más puede crecer la distancia antes de que volver a encontrarse parezca imposible.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario