25 de octubre de 2026
Casi 159 millones de personas están habilitadas para elegir al próximo presidente en una segunda vuelta marcada por la polarización. El hijo de Jair Bolsonaro ganó la primera vuelta, pero las últimas encuestas muestran una diferencia mínima con el actual mandatario. El resultado también tendrá consecuencias para Javier Milei, el Mercosur y la relación con Estados Unidos.
Las elecciones en Brasil 2026 llegaron este domingo a su instancia decisiva, con un enfrentamiento entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex mandatario Jair Bolsonaro. Más de 158,7 millones de ciudadanos están habilitados para participar de un balotaje que definirá quién gobernará la principal economía de América Latina durante los próximos cuatro años.
La votación comenzó a las 8 de la mañana y se extenderá hasta las 17, hora de Brasilia y de la Argentina. El escenario es de máxima paridad después de que Flávio Bolsonaro ganara la primera vuelta del 4 de octubre con el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% obtenido por Lula, una diferencia de aproximadamente 2,2 millones de sufragios.
Las últimas encuestas muestran una disputa ajustada, con una leve ventaja numérica para el candidato del Partido Liberal que se mantiene dentro de los márgenes de error. La elección también tiene una dimensión regional: el presidente argentino Javier Milei respaldó públicamente a Flávio Bolsonaro, mientras que una eventual continuidad de Lula mantendría en el poder a un mandatario con posiciones políticas diferentes a las de la Casa Rosada.
Los principales relevamientos difundidos durante el sábado 24 de octubre coinciden en que Lula y Flávio Bolsonaro llegan prácticamente empatados al balotaje. Aunque el senador conserva una ventaja numérica en distintos estudios, las diferencias son pequeñas y no permiten anticipar con certeza el resultado.
La encuesta de Datafolha ubicó a Bolsonaro con el 48% de las intenciones de voto, frente al 47% de Lula, mientras que Quaest registró un 46% para el opositor y un 45% para el presidente. En ambos casos, la diferencia se encuentra dentro de los márgenes de error de los respectivos relevamientos.
Al considerar únicamente los votos válidos, los dos estudios proyectaron una distribución cercana al 51% para Flávio Bolsonaro y 49% para Lula. Otros sondeos también registraron ventajas estrechas para el candidato opositor, lo que confirma la incertidumbre que rodea a la elección.
La paridad representa un cambio respecto de lo ocurrido en la primera vuelta, cuando Bolsonaro sorprendió al imponerse sobre el mandatario pese a que buena parte de las encuestas anticipaba otro resultado. Desde entonces, ambas campañas concentraron sus esfuerzos en conquistar a los votantes que habían elegido otras alternativas y en movilizar a quienes no participaron de la primera elección.

Flávio Bolsonaro, de 45 años, es abogado, senador y el hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro. Su carrera política comenzó en Río de Janeiro, donde fue elegido diputado estadual cuando tenía 21 años y permaneció durante cuatro mandatos, antes de acceder al Senado en las elecciones de 2018.
El candidato del Partido Liberal (PL) construyó su trayectoria alrededor de posiciones conservadoras y propuestas de endurecimiento de la seguridad pública. Durante la campaña prometió combatir con mayor firmeza al crimen organizado, reducir la edad de responsabilidad penal y fortalecer la actuación de las fuerzas de seguridad.
A diferencia de su padre, Flávio cultivó una imagen de mayor disposición al diálogo con sectores políticos y legislativos. Sin embargo, mantiene los principales lineamientos ideológicos del bolsonarismo y busca consolidar el respaldo electoral que esa corriente conserva en distintos sectores de la sociedad brasileña.
Uno de los compromisos más importantes de su campaña es impulsar un indulto o una amnistía para Jair Bolsonaro, condenado en 2025 a 27 años de prisión por su participación en una conspiración para impedir la continuidad institucional después de las elecciones presidenciales de 2022. El senador también expresó su intención de favorecer la liberación de otros condenados por aquellos hechos, aunque cualquier decisión deberá atravesar los mecanismos institucionales correspondientes.
En política económica, Flávio propone reformas orientadas a facilitar la actividad empresarial, estimular las inversiones y reducir trabas regulatorias. En el plano internacional, mantiene una relación política cercana con el presidente estadounidense Donald Trump y promueve un acercamiento estratégico entre Brasil y Washington.
El senador emitió su voto durante la mañana de este domingo en una escuela de Río de Janeiro, acompañado por su esposa, Fernanda Bolsonaro. Después de sufragar, afirmó que había llegado "el momento del cambio", en una declaración con la que buscó reforzar el mensaje central de su candidatura.

Del otro lado de la disputa aparece Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, uno de los dirigentes más influyentes de la historia política reciente de Brasil. El fundador del Partido de los Trabajadores (PT) busca obtener un cuarto mandato presidencial después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y de regresar al Palacio del Planalto en enero de 2023.
Su trayectoria comenzó en el movimiento sindical, cuando trabajaba como tornero mecánico y se convirtió en uno de los principales referentes de las huelgas obreras durante la dictadura militar. Después de perder las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998, consiguió su primera victoria en 2002 y fue reelegido cuatro años después.
Los primeros gobiernos de Lula estuvieron asociados con un ciclo de crecimiento económico, expansión del consumo y políticas de inclusión social. Entre sus iniciativas más conocidas se encuentran Hambre Cero y Bolsa Família, programas destinados a mejorar las condiciones de vida de los sectores de menores ingresos.
Su trayectoria también estuvo atravesada por investigaciones judiciales y denuncias de corrupción. Lula fue condenado en el marco de la operación Lava Jato, pero posteriormente el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas, lo que permitió su regreso a la competencia electoral y su victoria frente a Jair Bolsonaro en 2022.
En la campaña de 2026, el actual presidente defendió los resultados de sus políticas sociales, la mejora de los ingresos laborales y la reducción del desempleo. Sin embargo, enfrenta cuestionamientos por el costo de vida, el endeudamiento de los hogares y los problemas de seguridad, que se convirtieron en temas centrales de la discusión pública.
La elección representa además un desafío para el futuro del Partido de los Trabajadores. Una victoria le permitiría a Lula continuar al frente del Ejecutivo, mientras que una derrota abriría una nueva etapa para una fuerza política organizada durante décadas alrededor de su liderazgo.
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El enfrentamiento entre Lula y Bolsonaro se intensificó durante las últimas semanas, con debates televisivos, movilizaciones multitudinarias y acusaciones cruzadas. El último encuentro entre ambos se realizó el viernes 23 de octubre por TV Globo, cuando discutieron sobre inflación, endeudamiento familiar, políticas sociales y combate al delito.
Lula defendió los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y sostuvo que sus gobiernos contribuyeron a reducir el hambre y la pobreza. Bolsonaro, por su parte, cuestionó los precios de los alimentos y aseguró que el Gobierno no consiguió resolver los problemas económicos y de inseguridad que afectan a millones de brasileños.
El debate también incluyó acusaciones recíprocas relacionadas con investigaciones por corrupción. Ambos candidatos rechazaron los señalamientos de su adversario y buscaron asociar sus propuestas con una respuesta a las demandas sociales, en una campaña atravesada por fuertes tensiones políticas.
Otro factor relevante es la situación de Jair Bolsonaro, cuya condena y encarcelamiento mantienen movilizada a una parte del electorado conservador. Para Flávio, la posibilidad de impulsar medidas judiciales o políticas que favorezcan a su padre constituye una de sus principales promesas, mientras que Lula defiende la actuación de las instituciones frente al intento de desconocer el resultado electoral de 2022.
El resultado del balotaje tendrá consecuencias más allá de las fronteras brasileñas. Brasil es una de las principales economías emergentes del mundo y ocupa un lugar central en el Mercosur, el comercio sudamericano y las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, China y la Unión Europea.
La administración de Donald Trump mantiene una relación de afinidad política con la familia Bolsonaro, aunque su política comercial hacia Brasil también estuvo marcada por fuertes tensiones arancelarias. Lula, en cambio, defendió una mayor autonomía internacional y cuestionó las sanciones y presiones económicas impulsadas desde Washington.
En la Argentina, la elección es seguida con especial atención por el Gobierno de Javier Milei, que expresó públicamente su preferencia por el candidato opositor. Después de la primera vuelta, el mandatario argentino celebró el resultado de Flávio Bolsonaro con un mensaje que comenzaba: "La Libertad Avanza en Brasil".
El respaldo fue acompañado por nuevas críticas de Milei a Lula durante octubre, profundizando las diferencias políticas entre ambos presidentes. No obstante, las relaciones económicas entre la Argentina y Brasil continúan siendo estratégicas, independientemente de las afinidades ideológicas de sus gobiernos.
Brasil es uno de los principales socios comerciales de la Argentina y un destino fundamental para las exportaciones industriales, especialmente las del sector automotor. Por esa razón, las decisiones del próximo gobierno brasileño sobre crecimiento económico, tipo de cambio, comercio exterior e integración regional pueden repercutir directamente sobre empresas y trabajadores argentinos.
Una eventual modificación de las prioridades comerciales o diplomáticas de Brasil también podría influir en el funcionamiento del Mercosur. Sin embargo, cualquier cambio concreto dependerá de las políticas que adopte la próxima administración y de las negociaciones con sus socios regionales.
La elección también definirá el escenario político en el que deberá gobernar el próximo presidente. En los comicios legislativos del 4 de octubre, el Partido Liberal y otras fuerzas conservadoras consiguieron resultados importantes, fortaleciendo su representación en el Congreso.
Ese panorama podría facilitar algunas iniciativas de Flávio Bolsonaro si llegara a la Presidencia, especialmente en materia económica y de seguridad. Para Lula, en cambio, la continuidad en el poder exigiría nuevas negociaciones con sectores parlamentarios que no forman parte de su espacio político.
Las diferencias legislativas adquieren especial importancia frente a cuestiones sensibles como el presupuesto, la política fiscal, las reformas institucionales y las eventuales medidas vinculadas con la situación judicial de Jair Bolsonaro. El futuro presidente necesitará construir acuerdos para avanzar con sus principales proyectos, incluso después de obtener una victoria electoral.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) estableció que los centros de votación permanecerán abiertos hasta las 17 de este domingo, horario de Brasilia, coincidente con la hora argentina. Los electores que se encuentren en la fila al momento del cierre podrán emitir su sufragio.
Una vez finalizada la votación comenzará la consolidación de los resultados de las urnas electrónicas, que podrán seguirse a través de los canales oficiales de la Justicia Electoral brasileña. En esta segunda vuelta también se definirán gobernaciones en los distritos donde ningún candidato alcanzó la mayoría requerida el 4 de octubre.
El ganador será quien obtenga la mayoría de los votos válidos, sin contabilizar los sufragios blancos y nulos. Hasta que avance el escrutinio oficial, las encuestas solo permiten describir las tendencias previas y no constituyen una confirmación del resultado.
Brasil llega así a una elección presidencial con dos proyectos políticos diferentes, un electorado dividido y una disputa abierta. La decisión de los votantes determinará si Lula consigue un cuarto mandato o si Flávio Bolsonaro logra devolver a su espacio político al Palacio del Planalto, con repercusiones para toda América del Sur.
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