15 de diciembre de 2025

Política

Política. Caída libre: por la apertura de importaciones, la industria alimenticia acumula una baja del 5,3%

La producción de la industria alimenticia continúa en descenso al tiempo que se acelera el ingreso de alimentos importados, con aumentos significativos en carnes, panificados y otros productos de consumo masivo.

El sector de la industria alimenticia atraviesa un delicado momento, con una caída pronunciada del 5,3%, acumulada desde noviembre del año pasado, y sin perspectivas de mejora en el corto plazo. Desde el sector, aducen que la apertura indiscriminada de importaciones afectó sensiblemente a la actividad.

La producción industrial de alimentos y bebidas en Argentina muestra señales de contracción continuada, con descenso en ocho de los últimos once meses, lo que coincide con la paralización temporal de plantas importantes del sector. Este comportamiento se observa en un contexto general donde la división de Alimentos y Bebidas es la que tiene mayor incidencia sobre el Índice de Producción Industrial (IPI) medido por el INDEC, aunque en el análisis comparativo reciente se advierte que, entre noviembre de 2024 -el último punto alto de la serie- y octubre de 2025 acumuló una disminución cercana al 5,3%.

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El crecimiento de las importaciones de bienes de consumo, especialmente de productos alimenticios, constituye un elemento destacado del panorama actual. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) refleja que las compras externas de este tipo de bienes alcanzaron alrededor de 1.373,7 millones de dólares entre enero y septiembre de este año, lo que representa un aumento del 49,4% respecto al período equivalente de 2024 y un salto del 77,4% frente a 2023, según datos oficiales.

Este incremento de importaciones no se limita a artículos tradicionalmente traídos del exterior, sino que se expande a categorías donde sí existe producción local significativa. Entre estos, las carnes y despojos comestibles registraron un aumento espectacular de importaciones de más de 400% en términos interanuales, al pasar de aproximadamente 46 millones de dólares a 246 millones en el período analizado. Asimismo, el rubro de panificados y productos de pastelería mostró un aumento de importaciones superior al 100%, con compras que pasaron de 55 millones a 112 millones de dólares.

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Además de la apertura indiscriminada de importaciones, la contracción de la demanda interna tuvo incidencia en el desplome registrado de la actividad.

El fenómeno también se hace evidente en el comportamiento de firmas que no importaban insumos o productos el año anterior, pero que en 2025 comenzaron a hacerlo. CEPA identificó que al menos 291 empresas de la industria alimenticia que no habían importado en 2023 incorporaron compras externas en 2025, mientras que otras diversificaron considerablemente su canasta de importaciones, con casos señalados en compañías de amplio volumen de producción.

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Según el análisis de los datos oficiales, este proceso de expansión de las importaciones tiene un impacto relevante sobre la actividad productiva local. Aunque algunos economistas consultados en el artículo sugieren que la caída en producción podría estar más vinculada a la contracción de la demanda interna que a la apertura importadora per se, la coexistencia de un sector con producción decreciente y una dinámica de compras externas creciente plantea interrogantes sobre la capacidad del mercado doméstico para sostener el valor agregado local y la competitividad de las empresas nacionales frente a bienes importados.

En los segmentos industriales más representativos, como panificados, bebidas no alcohólicas, carnes, lácteos y vinos, ya se observan efectos de la política de apertura comercial. Algunas compañías han experimentado ajustes operativos que incluyen reducción de turnos, adelantos de vacaciones y menor uso de capacidad instalada, reflejando así la presión que genera el incremento de productos importados en un entorno donde la producción local enfrenta dificultades para expandirse.

El aumento de importaciones se da en paralelo con un uso de la capacidad instalada que permanece por debajo de niveles óptimos, sugiriendo que la producción local no solo se contrae, sino que opera con un margen considerable de inactividad. En este sentido, el debate sobre la apertura comercial versus la protección estratégica de la producción nacional se coloca en el centro de las discusiones económicas, con distintos análisis sobre los efectos en términos de empleo, costos y participación de mercado.

Este contexto general plantea un desafío importante para la industria alimentaria argentina, que transita una fase marcada por la disminución de su producción local en medio de un mercado cada vez más abierto a bienes importados, sin que al momento se observen señales claras de reactivación sostenida en la actividad interna que contrarresten estas tendencias.

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