23 de febrero de 2026
La votación de la reforma laboral profundizó las tensiones dentro del peronismo. El referente de la Confederación General del Trabajo (CGT), Octavio Argüello, acusó de "traición" a mandatarios provinciales y legisladores que, según señaló, llegaron a sus cargos con el voto peronista y acompañaron el proyecto del oficialismo.
El dirigente de la Confederación General del Trabajo (CGT), Octavio Argüello, acusó este domingo a gobernadores y legisladores peronistas de haber traicionado a sus representados al facilitar el avance en el Congreso de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, una iniciativa que, según el sindicalista, "retrocede a 1900" y dejaría a los trabajadores "en una situación de indefensión".
La aprobación del proyecto profundizó un conflicto ya abierto entre la central obrera y el oficialismo, abrió tensiones con sectores del Partido Justicialista y generó una discusión más amplia sobre el rol actual de la oposición política y sindical en Argentina.
El rechazo explícito de la reforma laboral no fue solo una crítica técnica, sino también una valoración política del contexto en el que se produjo su avance parlamentario. Para Argüello, el hecho de que mandatarios provinciales y legisladores que accedieron a sus cargos "por el voto peronista" hayan respaldado el proyecto fue especialmente doloroso. "Gobernadores y legisladores que entraron por el voto peronista acompañaron esta ley. Eso es lo que más duele", sostuvo el sindicalista durante un diálogo con Splendid AM 990.
El dirigente definió a la iniciativa como "una ley totalmente regresiva" y consideró que la legislación "deja a los trabajadores en una situación de indefensión". En ese sentido, tomó distancia de la visión oficial de que la reforma, que debía volver al Senado para su sanción final, representaba un paso hacia la "modernización" del mercado laboral.
Argüello responsabilizó directamente a algunos gobernadores provinciales por haber facilitado la tramitación de la reforma, al punto de sugerir que la decisión de acompañar fue consecuencia de acuerdos con el Ejecutivo. "No se puede vender la dignidad del pueblo por una zanjacuneta y dos metros de asfalto", afirmó con firmeza al referirse al respaldo parlamentario que obtuvo el proyecto oficialista. "Yo no voy a decir algo que no pueda comprobar, pero cada uno va a tener que explicar por qué lo hizo", agregó, sin afirmar de manera directa la existencia de pactos ilícitos.

La central obrera defendió su estrategia de protesta y señaló que el contexto político facilitó el avance del proyecto oficialista.
La estrategia de protesta de la CGT también fue un eje central de sus declaraciones. Frente a quienes criticaron la oportunidad o la efectividad de las medidas de fuerza, Argüello destacó que la central había realizado "cuatro paros generales en dos años y 13 marchas" y que actuaron en "tres planos": legislativo, judicial y en la calle. "Planteamos que teníamos un ámbito legislativo, uno judicial y también la calle, como corresponde", explicó. "Queríamos que se vea que el paro era realmente efectivo cuando no hay movimiento en la calle", agregó al defender la decisión de no movilizar.
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Sobre el impacto social de la reforma laboral, el dirigente sostuvo que la discusión pública cambió a partir de la exposición de artículos específicos de la iniciativa, como el referido a las licencias por enfermedad. "La gente empezó a leer la reforma y se dio cuenta de que le están quitando derechos", señaló.
El discurso de Argüello trascendió el terreno gremial y se adentró en un análisis político más amplio. Afirmó que la oposición política, en particular el peronismo, enfrenta una "crisis profunda" y no ha logrado articular una fuerza que complemente la acción sindical. "El problema no es gremial, es político. Nos falta la fuerza política", señaló. También reconoció que el contexto de desgaste de la gestión anterior había favorecido el avance del modelo actual. "Tenemos que ser razonables: fue un fracaso político muy profundo", admitió, y planteó la necesidad de "reconstruir un espacio político más amplio" que recupere la confianza ciudadana. "No alcanza con volver a ser lo que éramos. Tenemos que ser mejores", concluyó.
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