27 de febrero de 2026
El único actor inscripto en el proceso tampoco presentó propuesta, dejando el expediente en camino a una definición judicial sin posibilidad de negociación privada.
La emblemática cadena Garbarino, que supo liderar el mercado argentino de electrodomésticos con miles de empleados y centenares de locales, quedó este jueves al borde de la quiebra luego de que en su última audiencia la empresa reconociera ante la Justicia que no logró atraer inversores interesados en presentar una oferta formal para su rescate. El único actor inscripto en el proceso tampoco presentó propuesta, dejando el expediente en camino a una definición judicial sin posibilidad de negociación privada.
De esta manera, el trámite que se lleva ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, bajo la conducción del juez Fernando D'Alessandro, no arrojó resultados: tanto la propia concursada como la sociedad Vlinder S.A. -únicos inscriptos en ese registro- quedaron sin presentar una oferta formal. En consecuencia, el expediente dejó de depender de una negociación empresarial y quedó reducido a una definición estrictamente judicial, con el salvataje sin sustento real.
Los números de la empresa reflejan el cuadro de situación. En enero de 2026, Garbarino registró ventas totales por apenas $1,7 millones, no efectuó compras de mercadería y mantuvo su canal online cerrado. El stock disponible ronda las 1.600 unidades, compuestas en su mayoría por productos desactualizados o de escasa rotación, lo cual reduce significativamente su valor comercial efectivo en el mercado actual.

El concurso de acreedores de Garbarino quedó reducido a una resolución judicial sin negociación empresarial.
La operación minorista también evidencia el profundo deterioro de la cadena: solo tres puntos de venta permanecen abiertos (ubicados en Belgrano, calle Uruguay y un outlet en Almagro), y al menos uno de ellos funciona de forma intermitente debido a la falta de pago al responsable del local. La dotación actual de empleados es de 18 trabajadores, cifra que contrasta fuertemente con los más de 5.000 empleados que la empresa llegó a tener en su etapa de mayor expansión en todo el país.
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El estado de liquidez que presentó Garbarino ante la sindicatura es igualmente crítico: la concursada declaró disponibilidades de efectivo equivalentes a cero y una de sus cuentas bancarias cerró con saldo negativo. A estos datos se suman pasivos postconcursales significativos: obligaciones impositivas cercanas a $640 millones, compromisos laborales y previsionales que superan los $2.400 millones, y deudas por servicios y honorarios de más de $280 millones. En conjunto, esos montos configuran una estructura patrimonial que excede ampliamente la actual escala de actividad de la firma y limita severamente cualquier posibilidad de continuidad operativa.
La situación de Garbarino adquiere especial dramatismo si se la compara con su historia. Fundada en 1951, la cadena fue por décadas una de las principales del sector retail en Argentina, con más de 300 sucursales, plantas productivas y unidades vinculadas como Compumundo. Llegó a dominar cerca de un tercio del mercado y se consolidó como una de las marcas comerciales más reconocidas del país. Las dificultades comenzaron a agudizarse con la caída del consumo, cambios en los hábitos de compra, falta de financiamiento y problemas financieros acumulados que precipitaron cierres masivos de locales, reclamos laborales y crecientes deudas comerciales.
Hoy, dentro del proceso concursal, el principal activo identificable es precisamente la marca Garbarino. Su nivel de recordación aún podría resultar atractivo para un tercero interesado en relanzarla bajo otro esquema de negocios, según trascendió en el entorno del expediente. Sin embargo, la ausencia de oferentes concretos en esta etapa de salvataje evidencia que ese valor potencial no ha sido suficiente, por ahora, para atraer capital que permita sostener la continuidad del negocio.
Con la audiencia celebrada y sin propuestas sobre la mesa, el expediente quedó en manos del juzgado para una definición que podría desembocar en la declaración de quiebra de la firma. La decisión final quedará en manos del magistrado, aunque el panorama es extremadamente estrecho para evitar ese desenlace, según fuentes vinculadas al proceso.
Este desenlace representaría el fin formal de una de las cadenas históricas del retail argentino, que en las últimas décadas transitó desde la expansión nacional a una crisis profunda reflejada en su caída operativa, el cierre de locales y la pérdida de miles de empleos.
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