20 de abril de 2026
El empleo formal mostró una evolución dispar en el inicio del año: creció en provincias vinculadas a la energía y la minería, mientras que la industria perdió cerca de 40.000 trabajadores registrados, según datos oficiales.
El mercado laboral argentino evidenció un comportamiento heterogéneo en el inicio del año, con un crecimiento del empleo formal concentrado en un grupo reducido de provincias vinculadas a la actividad energética, en contraste con una marcada caída en sectores tradicionales como la industria manufacturera, que registró la pérdida de aproximadamente 40.000 puestos de trabajo registrados en términos interanuales.
De acuerdo con datos difundidos por la Secretaría de Trabajo, el incremento del empleo se limitó a un conjunto acotado de jurisdicciones. En particular, se verificó una expansión en provincias como Río Negro, Neuquén, San Juan y Santiago del Estero, donde el dinamismo de actividades relacionadas con la energía, el petróleo, el gas y la minería impulsó la creación de nuevos puestos formales.
En contrapartida, la industria manufacturera se posicionó como el sector más afectado por la caída del empleo. En la comparación interanual correspondiente a enero, el rubro acumuló una pérdida de 39.808 trabajadores registrados, lo que representó una contracción del 3,4%, consolidando una tendencia descendente en uno de los principales motores históricos del empleo formal en el país.
El retroceso no se limitó únicamente al sector industrial. Otros segmentos relevantes del mercado laboral también mostraron signos de debilitamiento. El comercio, considerado el principal empleador privado, registró una caída de 13.143 puestos de trabajo, equivalente a un descenso del 1% en el mismo período analizado.
Neuquén y San Juan, entre las provincias que más empleos formales crearon ligados a la minería y a la energía.
El comportamiento desigual del empleo también se reflejó en la distribución territorial. Mientras que algunas provincias lograron incrementos en la cantidad de trabajadores registrados, la mayoría de los distritos evidenció caídas o estancamiento. En particular, las mayores pérdidas se concentraron en grandes centros urbanos y regiones con fuerte peso industrial, como la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se registraron caídas significativas en el número de puestos formales.
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Este escenario configura una reconfiguración del mapa laboral, con un desplazamiento del empleo hacia actividades vinculadas a la explotación de recursos naturales y sectores orientados a la exportación, en detrimento de ramas intensivas en mano de obra como la industria. La dinámica refleja un patrón donde el crecimiento se focaliza en economías regionales específicas, mientras que los sectores tradicionales enfrentan una retracción sostenida.
En ese contexto, los datos oficiales evidencian que el crecimiento del empleo no fue generalizado, sino que respondió a la expansión de actividades puntuales, principalmente asociadas al desarrollo energético, lo que acentúa las diferencias entre regiones y sectores productivos dentro del país.
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