28 de agosto de 2026
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una proclama que habilita el ingreso temporal de 300.000 toneladas de carne vacuna magra sin aranceles. La medida comenzará el 1° de septiembre de 2026, tendrá una duración de 90 días y excluye a Argentina, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda.
La administración de Donald Trump oficializó una medida para aumentar temporalmente la oferta de carne vacuna en Estados Unidos mediante el ingreso de hasta 300.000 toneladas sin aranceles, por fuera de los cupos y canales habituales. La decisión comenzará a regir el 1° de septiembre de 2026 y tendrá una duración de 90 días.
El beneficio, sin embargo, no alcanzará a Argentina, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda, debido a que estos países ya cuentan con cuotas específicas para exportar carne vacuna a Estados Unidos. En cambio, la resolución representa una oportunidad para Brasil, que hasta ahora no contaba con un tratamiento arancelario preferencial.
La proclama firmada por el presidente estadounidense establece un límite global de 300.000 toneladas y fija cupos mensuales de 100.000 toneladas durante los 90 días de vigencia de la medida.
La carne incluida en este programa deberá estar compuesta exclusivamente por recortes magros, que posteriormente serán mezclados con carne estadounidense para la elaboración de carne molida.
Según detalló la Casa Blanca, el objetivo es incrementar la disponibilidad de carne destinada a la producción de carne picada y contribuir a contener los precios que pagan los consumidores estadounidenses.
La administración estadounidense también indicó que los cortes incorporados al programa deberán llegar al mercado con un descuento aproximado del 25% respecto de los precios habituales de importación.
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Uno de los puntos centrales de la proclama es que el nuevo esquema no modifica los compromisos asumidos por Estados Unidos con los países que cuentan con tratados de libre comercio ni alcanza a los proveedores que ya tienen cuotas específicas de carne vacuna.
En ese grupo se encuentra Argentina, que dispone históricamente de un cupo arancelario de 20.000 toneladas para exportar carne vacuna hacia Estados Unidos. Según el material, ese cupo fue elevado por Trump a 100.000 toneladas durante este año.
La misma situación alcanza a Uruguay, Australia y Nueva Zelanda, países que ya operan bajo volúmenes asignados previamente. Por esa razón, las nuevas 300.000 toneladas extraordinarias no se sumarán a los cupos de esos mercados.
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Al quedar fuera del esquema los países que ya cuentan con cuotas específicas, la nueva apertura favorece especialmente a aquellos proveedores que comercializan carne vacuna hacia Estados Unidos fuera de un régimen de cupos fijos.
En ese escenario, Brasil aparece como el principal beneficiario de la decisión de Washington. El país sudamericano no disponía hasta ahora de un tratamiento arancelario preferencial equivalente al de los proveedores alcanzados por cuotas específicas.
La medida modifica así las condiciones de acceso al mercado estadounidense durante un período limitado y con un volumen máximo establecido por la propia proclama.
La Casa Blanca justificó la decisión por la situación que atraviesa la ganadería estadounidense y por las dificultades para garantizar un suministro suficiente de carne vacuna.
Desde la administración Trump señalaron que el presidente está tomando medidas para responder a las "perturbaciones del mercado y a los desastres naturales", con el objetivo de garantizar un suministro adecuado y precios accesibles para las familias estadounidenses.
El documento también cuestionó la situación heredada de la administración de Joe Biden y afirmó que el sector quedó atravesando "una de las crisis de suministro de carne de res más graves de las últimas décadas". Según la proclama, el rodeo bovino estadounidense llegó a su nivel más bajo en 75 años.

A pesar de considerarlo "amigo", el Gobierno de Trump no excluyó al país de los alcances de sus aranceles.
La administración Trump también atribuyó la reducción de la oferta de carne a distintos factores que afectaron a la producción ganadera durante este año.
Entre ellos mencionó el bloqueo al ingreso de ganado mexicano a raíz de la alerta por gusano barrenador, además de la sequía que afectó las pasturas y los incendios que destruyeron forrajes destinados a la alimentación de los animales.
A partir de este escenario, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta que la producción de carne vacuna estadounidense caerá alrededor de un 4% respecto de los niveles de 2025.
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De acuerdo con las estimaciones oficiales incluidas en la proclama, el cupo extraordinario permitirá incorporar un 10% adicional de carne vacuna al mercado estadounidense respecto de los pronósticos previos.
La administración Trump sostuvo que el mecanismo fue diseñado para incrementar la oferta sin afectar de manera significativa el mercado de hacienda destinada al engorde ni perjudicar a los ganaderos estadounidenses.
El objetivo declarado por Washington es que la apertura tenga un carácter temporal mientras avanza la recuperación del rodeo bovino estadounidense y se fortalece la producción doméstica.
La proclama también sostiene que, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la actividad ganadera estadounidense comenzó a mostrar señales de recuperación que no se observaban desde 2018.
Según el Gobierno estadounidense, esa evolución está vinculada con el aumento del rodeo y con una mayor retención de vaquillonas, factores que apuntan a reconstruir progresivamente el stock ganadero nacional.
De esta manera, el Gobierno de Estados Unidos busca combinar una apertura temporal a las importaciones con medidas orientadas a recomponer la producción local de carne vacuna.
La decisión de Donald Trump genera una diferencia concreta entre los principales proveedores de carne vacuna del mercado estadounidense: mientras Argentina, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda quedan excluidos por contar con cuotas específicas, Brasil obtiene una oportunidad para ampliar su participación bajo el nuevo esquema temporal.
El alcance de la medida estará limitado tanto por su duración de 90 días como por el máximo de 300.000 toneladas autorizado. El impacto definitivo dependerá de la utilización efectiva de ese cupo y de la evolución de la oferta de carne vacuna en Estados Unidos.
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