27 de octubre de 2026
Israel celebra durante la jornada de hoy las elecciones legislativas en medio de una fuerte polarización política y las consecuencias de las guerras en Gaza, Líbano e Irán. La participación electoral registra niveles récord para distintos horarios, mientras las encuestas anticipan una disputa sin mayorías garantizadas entre Benjamin Netanyahu y sus principales adversarios.
Israel celebra esta jornada las elecciones legislativas para definir la composición de la próxima Knéset, el Parlamento de 120 bancas, en unos comicios que ponen en juego la continuidad política del primer ministro Benjamin Netanyahu. La votación, la primera elección nacional desde los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, se desarrolla en un escenario marcado por las consecuencias de las guerras en Gaza, Líbano e Irán.
La jornada registra niveles de participación superiores a los de elecciones anteriores para distintos horarios. Según el Comité Electoral Central de Israel, el 16,7% de los ciudadanos habilitados había votado a las 10 de la mañana, mientras que la concurrencia alcanzó el 31,5% al mediodía. Este último registro representa el más alto para ese horario desde 1977.
La disputa enfrenta al Likud, el partido de derecha de Netanyahu, con un conjunto de fuerzas opositoras encabezadas por Gadi Eisenkot, Naftali Bennett, Yair Lapid, Avigdor Lieberman y Yair Golan. Las encuestas difundidas antes de la votación anticipan un Parlamento fragmentado y una negociación decisiva para determinar quién podrá formar gobierno.
Netanyahu busca conservar el poder mediante una alianza con partidos de derecha, ultraderecha y sectores ultraortodoxos. Entre sus principales socios se encuentran Poder Judío, encabezado por Itamar Ben-Gvir; el Partido Sionista Religioso, de Bezalel Smotrich; Shas y Judaísmo Unido de la Torá.
Del lado opositor, Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar, aparece como uno de los principales protagonistas de la contienda. Naftali Bennett y Yair Lapid compiten mediante la lista Juntos, mientras que Avigdor Lieberman y Yair Golan buscan ampliar su representación parlamentaria. También participan las listas de mayoría árabe Ra'am y la Lista Conjunta.
Las últimas encuestas muestran que ninguno de los dos grandes bloques tiene asegurada la mayoría absoluta. Un sondeo de Channel 13 proyectó 54 bancas para la oposición y 50 para los aliados de Netanyahu, mientras que las listas árabes reunirían 16 escaños. En esa medición, Yashar obtendría 22 bancas, frente a las 19 del Likud.
Por su parte, una encuesta de Channel 12 estimó 56 escaños para el bloque opositor, 50 para la coalición oficialista y 14 para las listas árabes. Las diferencias entre ambas mediciones reflejan la incertidumbre sobre la distribución final de las bancas y las negociaciones que comenzarán después de los comicios.
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La participación electoral es uno de los datos destacados de la jornada. A las 10 de la mañana, 1,2 millones de personas ya habían votado, con una concurrencia del 16,7%, superior al 15,9% registrado a esa misma hora en las elecciones de 2022.
También creció la participación entre los militares. Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que el 30% de los soldados había votado a las 10, frente al 25,7% registrado en el mismo horario durante los comicios anteriores. Las fuerzas armadas habilitaron 850 centros de votación en bases militares y fuera de las fronteras israelíes.

La participación electoral en Israel alcanzó el 31,5% al mediodía, el registro más alto para ese horario desde 1977, según el Comité Electoral Central.
Durante la mañana, varios partidos denunciaron supuestas irregularidades en los colegios electorales. Sin embargo, el Comité Electoral Central afirmó que no había pruebas de una manipulación sistemática de las papeletas. Además, según informes citados por la BBC, unas 70.000 personas regresaron desde el extranjero para participar de la elección.
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El primer ministro votó en Jerusalén junto a su esposa, Sara, y llamó a los ciudadanos a concurrir a las urnas. "¡Vayan a votar!", insistió en hebreo, según un comunicado difundido por su oficina.
Más tarde, Netanyahu publicó un mensaje en video en el que acusó a la izquierda y a los partidos árabes de intentar "robar las elecciones". Sus declaraciones se conocieron después de que la Policía detuviera a tres sospechosos en el Néguev, en el sur de Israel, por presuntamente intentar comprar votos para el partido islamista Ra'am.
El dirigente presentó la elección como una disputa por el rumbo político e institucional del país y defendió la continuidad de un Ejecutivo encabezado por el Likud junto a sus aliados.
"Lo que está en juego, lo que está en la balanza, es la preservación de nuestro Estado judío: un gobierno de derechas fuerte liderado por el Likud junto con todos nuestros socios, o un gobierno de izquierdas, con partidos árabes, que acabará con el Estado de Israel", sostuvo.
En Israel, los ciudadanos no eligen directamente al primer ministro, sino que votan por listas partidarias que compiten por las 120 bancas de la Knéset. Los escaños se distribuyen de manera proporcional a los votos obtenidos a nivel nacional y cada lista debe superar el piso electoral del 3,25% para ingresar al Parlamento.
El resultado de las urnas tampoco determina automáticamente quién encabezará el próximo gobierno. Para formar un Ejecutivo se necesita reunir el respaldo de al menos 61 diputados. Después de conocerse el escrutinio, el presidente israelí encarga a un legislador la tarea de formar gobierno, con un plazo inicial de 28 días y una posible prórroga de hasta 14 días.
Los centros de votación cerrarán a las 22, hora local, equivalente a las 17 en Argentina. Después del cierre, las principales cadenas de televisión israelíes publicarán encuestas a boca de urna, que ofrecerán estimaciones preliminares sobre la distribución de los escaños. Los resultados oficiales se conocerán durante los días posteriores.
La clave política de estas elecciones estará en la capacidad de los bloques para reunir una mayoría parlamentaria. Aunque las encuestas proyectan una posible ventaja de la oposición en bancas, las diferencias internas y el rechazo de algunos dirigentes a pactar con las listas árabes complican la posibilidad de formar una coalición alternativa. Para Netanyahu, la votación representa una disputa por la continuidad de su gobierno; para sus adversarios, la oportunidad de construir una mayoría que ponga fin a su prolongada permanencia en el poder.
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