2 de noviembre de 2026
Las elecciones de medio término del 3 de noviembre pueden dejar a Donald Trump sin el control del Congreso estadounidense y debilitar su poder político. El resultado también tendrá repercusiones en Argentina, donde Javier Milei construyó un alineamiento estratégico con la Casa Blanca. Exdiplomáticos y referentes empresariales analizaron los posibles escenarios.
Las elecciones legislativas de Estados Unidos, previstas para este martes 3 de noviembre, pondrán a prueba el liderazgo de Donald Trump y podrían modificar el equilibrio de poder en el Congreso. Con una aprobación que, según los sondeos citados, oscila entre el 30% y el 38%, el presidente republicano enfrenta el riesgo de perder la mayoría en la Cámara de Representantes y, eventualmente, también en el Senado. El resultado tendrá implicancias políticas y económicas para el mundo y, particularmente, para Argentina, por el alineamiento del gobierno de Javier Milei con Washington.
La posibilidad de una derrota republicana aparece como un escenario concreto. Las proyecciones electorales anticipan que los demócratas tienen amplias chances de recuperar el control de Diputados y también posibilidades de imponerse en el Senado. Para Trump, una pérdida de mayorías significaría afrontar los últimos dos años de mandato con mayores dificultades para impulsar su agenda legislativa.
El antecedente de 2018 representa una advertencia: aquel año Trump perdió las elecciones de medio término y dos años después fue derrotado por Joe Biden en las presidenciales. Aunque las derrotas legislativas no necesariamente impiden una reelección, el resultado del martes puede profundizar la vulnerabilidad política del mandatario.
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En estos comicios están habilitados para votar unos 250 millones de ciudadanos, entre ellos 39 millones de latinos, que representan el 16% del padrón. También se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes, integrada por 435 miembros, y 35 de las 100 bancas del Senado. Además, habrá elecciones para las gobernaciones de 36 estados y distintos cargos locales.
Hasta el sábado, alrededor de 48 millones de personas habían votado anticipadamente, equivalentes al 19,2% del padrón. De esos sufragios, el 46% correspondió a demócratas registrados, el 31% a republicanos y el 23% restante a independientes y otras categorías.
Las proyecciones muestran un panorama adverso para el oficialismo. En la Cámara de Representantes, los republicanos cuentan actualmente con 218 bancas, frente a 214 demócratas. Según una estimación de la Universidad de Harvard, la oposición tendría un 94% de posibilidades de quedarse con el control de ese cuerpo y podría obtener alrededor del 54% de los votos nacionales.
En el Senado, en cambio, la disputa aparece más ajustada. Los republicanos tienen 53 bancas frente a 45 demócratas, que suelen contar con el respaldo de dos independientes. Una eventual paridad de 50 a 50 permitiría al vicepresidente JD Vance desempatar en favor del oficialismo. Sin embargo, otra proyección de Harvard otorga a los demócratas un 75% de posibilidades de conquistar la mayoría.

Una eventual derrota republicana podría debilitar a Trump en el Congreso y abrir interrogantes sobre el futuro del vínculo político entre Estados Unidos y Argentina.
La situación económica de los hogares estadounidenses aparece entre los principales factores detrás de la desaprobación presidencial. La suba del costo de vida y, especialmente, el incremento del precio de los combustibles impactaron sobre los bolsillos de los votantes.
Entre abril y septiembre, la inflación acumuló un 3,67%, mientras que el precio promedio nacional del galón de combustible alcanzó los cuatro dólares. El escenario estuvo atravesado por la guerra en Medio Oriente, los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las consecuencias sobre el mercado energético internacional.
Una derrota republicana en cualquiera de las dos cámaras podría limitar la capacidad de Trump para avanzar con sus iniciativas y obligarlo a recurrir con mayor frecuencia a las órdenes ejecutivas. En ese escenario, el mandatario ingresaría en una etapa de menor fortaleza institucional, con mayores dificultades para sostener su programa de gobierno.
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La elección estadounidense también concentra la atención del gobierno argentino. Javier Milei construyó una relación política y personal estrecha con Trump, cuyo respaldo económico, incluido un apoyo financiero de 20.000 millones de dólares, fue señalado como un factor relevante para el oficialismo argentino.
El exembajador argentino en Estados Unidos Eduardo Amadeo consideró que una derrota republicana exigiría mayores esfuerzos diplomáticos, aunque descartó que eso implique necesariamente un retroceso en la relación bilateral. "Es obvio que una eventual derrota republicana va a exigir esfuerzos adicionales para la diplomacia argentina con Estados Unidos, pero de ninguna manera puede pensarse que este país va a dejar que la Argentina pierda los avances que ha logrado en términos de comunidad de intereses estratégicos durante la presidencia de Javier Milei", sostuvo.
Una mirada diferente planteó el ex canciller Jorge Taiana, quien advirtió sobre los riesgos del alineamiento argentino. "El alineamiento automático de Milei con Trump y Netanyahu subordina nuestra política exterior a los intereses y al destino político de gobiernos extranjeros", afirmó. También sostuvo que esa orientación limita la posibilidad de diversificar las relaciones internacionales y debilita los vínculos regionales.
En la misma línea crítica, el exembajador José Octavio Bordón cuestionó la política exterior del Gobierno. "Nunca, desde el retorno a la democracia en 1983, la política exterior argentina estuvo tan automáticamente subordinada a la de otro gobierno", señaló.
Desde el sector empresarial, en cambio, Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina, destacó que la relación bilateral trasciende las administraciones de turno. "La Argentina tiene recursos que interesan a Estados Unidos más allá de quién gobierne. Por eso, desde AmCham, insistimos en que el vínculo no puede depender de la coyuntura, cualquiera sea el resultado electoral de noviembre de 2026 en los Estados Unidos", afirmó.
El resultado de las elecciones del 3 de noviembre abrirá, por lo tanto, un escenario de consecuencias que exceden las fronteras estadounidenses. Para Trump, estará en juego la capacidad de conservar el poder legislativo durante el tramo final de su mandato. Para Milei, el desafío será sostener una relación estratégica con Washington frente a un eventual cambio en el equilibrio político de la principal potencia mundial. La fortaleza del vínculo entre ambos gobiernos quedará expuesta a una prueba electoral con repercusiones también para Argentina.
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